Entradas

Mostrando entradas de julio, 2021

TRASCENDER LA MIRADA

Imagen
Hay miradas que te agrandan, que te admiran, te empoderan; que te pintan de colores, que te adornan, te ponderan. Las que buscan como oxígeno cuando bailan los artistas. Las que convierten en dioses a locos y narcisistas. Hay miradas que te inhiben, te restringen, te acobardan. Son pupilas que se posan en secretos que todos guardan. Son censores que te observan sin que uno les dé cabida, vulnerando tu intimidad y tus zonas más prohibidas. Hay miradas que te anulan, que te juzgan, te evalúan como jueces represores que desde la sombra murmuran. ¿Qué tan minúsculo soy para haberles dado poder de amo? ¿Qué tan grande he de ser para ser yo mi soberano? Hay miradas que acompañan, que comprenden, que protegen. Son nuestros propios ojos cuando rotan en su eje. Cuando miran hacia adentro y por primera vez parece que el afuera se disuelve y nuestra alma al fin florece. 𝓶𝓪ل𝓲𝓪

ALZAR MI VOZ

Imagen
De chiquita era muda. Sí. Muda. Me pasé 3 salitas de jardín en silencio. El último día nos entregaron un diploma. Como no lo quería tener en la mano, miré a mi mamá, estiré el brazo y le dije: "Tomá, ma", y un nene, con los ojos desorbitados cual testigo de un milagro de pastor brasilero, gritó: "¡Habla!". En la primaria tenía un lazarillo, una nena que estaba todo el día al lado mío. Un día nos hicimos amigas, sin mediar palabra. Era como tener una suerte de fonógrafo humano. Cada cosa que yo quería decir, se la decía a ella y ella la decía por mí, convirtiendo en palabras audibles todo aquello que intentaba salir de entre mis labios. En la facultad decidí estudiar una carrera de Lengua. No. Dos, por las dudas. ¿Lengua? ¿En serio? Na, si de pelotuda tenía hasta la raya del ojete. No abrí la boca nunca. Prefería suicidarme antes de dar mi opinión. Un día llegué al colmo: quise renunciar a un trabajo y, como no me animé a hablar, mi mamá renunció por mí. Me dediqué a...

SENTIR SIN MIEDO

Imagen
  Nunca entendí bien mis emociones. Cuando era chica siempre me sentía abrumada e histérica. Cuando quería explicar qué me pasaba, yo sentía que las palabras que tenía el idioma no me alcanzaban para expresar lo que yo quería decir o que hablaba un idioma diferente al del resto de los mortales, o que era alienígena. Directamente. Todo era un montón. Todo era más profundo de lo que podía contar. Todo era más complejo de lo que podía hilvanar. No sabía cómo. La incomprensión se apoderaba de mí y reforzaba ese sentimiento de ser diferente que me volvía loca. Lo que yo quería transmitir no tenía forma física, no cabía en palabras, aunque usara todas. “Loca” “Exagerada” “Dramática” “¿A vos quién te entiende?” “No te entendés ni vos” Me cansé de escucharlo. Tenían razón. Tenían razón para este mundo en el que vivo físicamente, pero no para el universo que llevo en mi interior. Todo ese caudal emocional muchas veces me ahoga, me tira a la mierda como una ola que te arrastra hasta la orill...