LIMPIAR
Se decretó la cuarentena y yo empecé a limpiar. Limpiar, limpiar y limpiar. No entendía bien por qué necesitaba hacerlo. Nunca me gustó mucho, ni fui una fanática del hogar, pero la puja desde el interior era tan fuerte que no pude desoírla. Así que empecé. Encontré más de 50 esmaltes de uñas secos. Una caja enorme llena de remedios vencidos. Encontré ropa que ya no me servía y ocupaba todos mis cajones. Encontré 4 frascos de shampoo con ¼ cada uno. Encontré muchos papeles, y leí cada uno. Había listas de cosas para hacer que nunca hice, cosas de las que me tenía que acordar y no sé si lo hice, cartas de amor no entregadas o, si lo había hecho, no sabía por qué las tenía en mi poder. Tiré todo lo que no servía con el ímpetu y la vigorosidad de quien alardea de hacer con su tiempo cosas productivas. Guardé todo lo que sí servía con la certeza de entender su utilidad. Y ahí comenzó todo. Al día siguiente me desperté con una angustia agobiante, insoportable. Pensé que era lógi...