ALZAR MI VOZ
De chiquita era muda. Sí. Muda. Me pasé 3 salitas de jardín en silencio. El último día nos entregaron un diploma. Como no lo quería tener en la mano, miré a mi mamá, estiré el brazo y le dije: "Tomá, ma", y un nene, con los ojos desorbitados cual testigo de un milagro de pastor brasilero, gritó: "¡Habla!".En la primaria tenía un lazarillo, una nena que estaba todo el día al lado mío. Un día nos hicimos amigas, sin mediar palabra. Era como tener una suerte de fonógrafo humano. Cada cosa que yo quería decir, se la decía a ella y ella la decía por mí, convirtiendo en palabras audibles todo aquello que intentaba salir de entre mis labios.
En la facultad decidí estudiar una carrera de Lengua. No. Dos, por las dudas. ¿Lengua? ¿En serio? Na, si de pelotuda tenía hasta la raya del ojete. No abrí la boca nunca. Prefería suicidarme antes de dar mi opinión. Un día llegué al colmo: quise renunciar a un trabajo y, como no me animé a hablar, mi mamá renunció por mí.
Me dediqué a escribir. Escudada detrás de un papel dejé salir el mundo que me habita, la inmensidad silenciosa que me habita... Es como abrir el ropero en Narnia. Les aconsejo que corran.
También me dediqué a cantar. Cuando me escondo detrás de un personaje, me sale re fácil. Si no, canto en grupo, así mi voz se hace imperceptible en la multitud. Pero no vayan a querer escucharme. No osen querer saber qué estoy diciendo, cómo suena mi voz o qué emociones se están deslizando en mis sonidos porque me paralizo, como Elsa en Frozen, y no me escuchan más.
Condimenté mi vida, además, con microsilencios. Tenía un alumno que iba a la clase con su esposa y, cuando ella faltaba, me dejaba cartitas de amor. No dije nada, por supuesto. ¡No iba a cagarle la vida a esa mujer! Me dijeron muchas cosas que consideré acosos, pero tampoco dije nada para no armar quilombo. Tuve relaciones en las que me traicionaron, pero no dije nada, para no hacerlos quedar mal. Escuché cosas que me dolieron, otras que fueron injustas y otras que me dieron asco, y, como todas las veces, preferí silenciarme.
Un día sentí algo inmenso y me dieron ganas de gritarlo al mundo. Pero claro, yo estaba acostumbrada a callar.
𝓶𝓪ل𝓲𝓪

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