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CAER AL VACÍO

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Siempre le tuve miedo a estar triste. Era un estado del que había que huir o llenar rápido. Y yo era buenísima haciéndolo. Tenía un montón de técnicas. Una era trabajar en exceso. Me levantaba para salir rajando a trabajar y me iba vistiendo en el camino, con una taza de café en una mano y las llaves del auto en la otra. Cuando volvía seguía trabajando hasta que me quedaba dormida. Esta táctica era bárbara para no saber una chota qué te pasaba en la vida. Tenía otras que funcionaban genial también. Me maquillaba un montón. Tenía la sensación de que eso iba a tapar lo que sentía. Si dormía con alguien me levantaba antes para maquillarme, para que no vea mi cara lavada. Y también reía, reía a montones, constantemente. Claro, ¿quién podía imaginarse un alma destrozada en mil pedazos en un cuerpo que ríe sin parar? Un día caí. No lo vi venir. Fue como quien va caminando por la calle y de repente se cae en una alcantarilla. En un instante todo es oscuridad, silencio y vacío. Tu mecanismo de...

TRASCENDER LA MIRADA

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Hay miradas que te agrandan, que te admiran, te empoderan; que te pintan de colores, que te adornan, te ponderan. Las que buscan como oxígeno cuando bailan los artistas. Las que convierten en dioses a locos y narcisistas. Hay miradas que te inhiben, te restringen, te acobardan. Son pupilas que se posan en secretos que todos guardan. Son censores que te observan sin que uno les dé cabida, vulnerando tu intimidad y tus zonas más prohibidas. Hay miradas que te anulan, que te juzgan, te evalúan como jueces represores que desde la sombra murmuran. ¿Qué tan minúsculo soy para haberles dado poder de amo? ¿Qué tan grande he de ser para ser yo mi soberano? Hay miradas que acompañan, que comprenden, que protegen. Son nuestros propios ojos cuando rotan en su eje. Cuando miran hacia adentro y por primera vez parece que el afuera se disuelve y nuestra alma al fin florece. 𝓶𝓪ل𝓲𝓪

ALZAR MI VOZ

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De chiquita era muda. Sí. Muda. Me pasé 3 salitas de jardín en silencio. El último día nos entregaron un diploma. Como no lo quería tener en la mano, miré a mi mamá, estiré el brazo y le dije: "Tomá, ma", y un nene, con los ojos desorbitados cual testigo de un milagro de pastor brasilero, gritó: "¡Habla!". En la primaria tenía un lazarillo, una nena que estaba todo el día al lado mío. Un día nos hicimos amigas, sin mediar palabra. Era como tener una suerte de fonógrafo humano. Cada cosa que yo quería decir, se la decía a ella y ella la decía por mí, convirtiendo en palabras audibles todo aquello que intentaba salir de entre mis labios. En la facultad decidí estudiar una carrera de Lengua. No. Dos, por las dudas. ¿Lengua? ¿En serio? Na, si de pelotuda tenía hasta la raya del ojete. No abrí la boca nunca. Prefería suicidarme antes de dar mi opinión. Un día llegué al colmo: quise renunciar a un trabajo y, como no me animé a hablar, mi mamá renunció por mí. Me dediqué a...

SENTIR SIN MIEDO

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  Nunca entendí bien mis emociones. Cuando era chica siempre me sentía abrumada e histérica. Cuando quería explicar qué me pasaba, yo sentía que las palabras que tenía el idioma no me alcanzaban para expresar lo que yo quería decir o que hablaba un idioma diferente al del resto de los mortales, o que era alienígena. Directamente. Todo era un montón. Todo era más profundo de lo que podía contar. Todo era más complejo de lo que podía hilvanar. No sabía cómo. La incomprensión se apoderaba de mí y reforzaba ese sentimiento de ser diferente que me volvía loca. Lo que yo quería transmitir no tenía forma física, no cabía en palabras, aunque usara todas. “Loca” “Exagerada” “Dramática” “¿A vos quién te entiende?” “No te entendés ni vos” Me cansé de escucharlo. Tenían razón. Tenían razón para este mundo en el que vivo físicamente, pero no para el universo que llevo en mi interior. Todo ese caudal emocional muchas veces me ahoga, me tira a la mierda como una ola que te arrastra hasta la orill...

SOMOS TODO ESO QUE NOS EMOCIONA

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  Somos todo eso que nos emociona, eso que nos hace vibrar, eso que nos eleva y separa nuestros piecitos de la tierra para andar más livianos, más etéreos, más llenos de luz. ¿Cuándo les pasa? ¿Les pasa? ¿Cuándo? ¿Cuando ven a su equipo salir a la cancha? ¿Cuando cantan una canción? ¿Cuando aman a alguien? ¿Cuando están con sus plantas? ¿Cuando acarician al gato? ¿Cuándo les pasa? No, no. No me vengan con que ustedes no saben qué es eso. Que no se les llenan los ojos de estrellitas, que no se les acelera el pulso, que no les da esa sensación indescriptible en la panza cuando explotan de emoción. No me digan que no, porque no les pienso creer. Tal vez no lo encontraron. Tal vez no lo buscaron. ¿Y qué piensan? ¿Que va a aparecer solo? No, muchachos, a arremangarse. A adentrarse en uno, a hurgar, a revolver, a explorar... Yo sé que tiene que estar ahí. Tal vez escondido, pero tiene que estar. ¿Que ya lo encontraron? ¿Y por qué no lo hacen? ¿Que no tienen tiempo? ¿Cómo? Ah, los nenes, ...

NO TE CONFORMES

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  Si hay una frase que me han dicho miles de veces en la vida, es: " 𝑬𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒖𝒄𝒉𝒐 𝒂𝒃𝒂𝒓𝒄𝒂, 𝒑𝒐𝒄𝒐 𝒂𝒑𝒓𝒊𝒆𝒕𝒂 ". Detrás de esas palabras se escondía la idea de tener que optar. ¿Qué pasa si te gusta cantar, bailar, actuar, aprender idiomas, repostería, patín, natación y destreza? Y bueno, no sé, elegí una sola cosa y hacela bien. Siempre me han dicho esa frase como una crítica al picaflorismo de actividades que me caracterizaba. Es cierto que cuántas más actividades hacés, menos en profundidad vas a aprender cada una. Pero hay algo que a mí me interesaba más que eso, y era la profundidad con la que me conocía a mí misma en ese constante experimentar. Aprendía qué me gustaba, qué no, con qué fluía, qué me daba vergüenza, qué me apasionaba, qué me daba lo mismo. De más grande, también me vi enfrentada a grandes elecciones de vida. El trabajo rentable que te aburre versus el trabajo que te apasiona pero no paga las cuentas; la vida artística o la vida de pare...

HOY NO ESTOY

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  Entiendo que quieras preguntarme algo. Entiendo que necesites que haga algo por vos. Entiendo que te urja. Entiendo que tenga que ser ahora. Entiendo que es un segundo nada más. Entiendo que te lo había prometido. Entiendo que lo quieras y necesites con urgencia ahora mismo en este segundo prometido, pero hoy no estoy. Porque quiero preguntarme algo. Porque necesito hacer algo por mí. Y también me urge. Y tiene que ser ahora. Yo también me lo tengo prometido. Hoy estoy para mí. 𝓶𝓪ل𝓲𝓪